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EL MISTERIO DEL ÉXODO DE EGIPTO

Los Hijos de Israel se encontraban en medio del duro exilio egipcio, padeciendo una esclavitud horrenda. Como está escrito: «Egipto sometió a los Hijos de Israel con trabajos inhumanos. Le amargó la vida con trabajos duros, con barro y con ladrillos, y con todos los trabajos del campo; todos los trabajos que les asignaban eran inhumanos» (Éxodo 1:13-24).

Mientras esto ocurría, El Santo, Bendito Sea, preparaba la salvación, tal como le había asegurado al patriarca Abraham, como está escrito: «Y Él le dijo a Abram: Sabrás con certeza que tus descendientes serán extraños en una tierra que no es la suya y los esclavizarán y los afligirán cuatrocientos años. Pero también, la nación que ellos han de servir, Yo la juzgaré, y luego se irán de allí con grandes riquezas» (Génesis 13:13-14).

Esos años 400 años fueron contados a partir del nacimiento de Isaac, por eso, El Santo, Bendito Sea, se disponía a cumplir su promesa entablada con el patriarca Abraham. Y los astrólogos del Faraón lo percibieron, por eso: «El rey de Egipto les dijo a las parteras hebreas, de las cuales la primera se llamaba Shifra y la segunda Pua, y dijo: Cuando atiendan a las mujeres hebreas y las vean sobre el asiento de dar a luz, si es un varón, lo mataréis, y si es una mujer, vivirá» (Éxodo 1:15-16).

Estas parteras incumplieron la orden del Faraón, como está escrito: «Mas las parteras temían a Dios y no hicieron lo que les dijo el rey de Egipto, y dejaron que los niños vivieran. El Rey de Egipto convocó a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto y habéis dejado que vivan los niños?» (Éxodo 1:17-18)

Entonces el Faraón ordenó a todo su pueblo, diciendo: «Todo varón que nazca, al río lo arrojaréis; y toda mujer, la dejaréis con vida» (Éxodo 1:22).

Y El Santo, Bendito Sea, seguía con su plan de hacer surgir el líder que llevaría a los Hijos de Israel, por eso lo hizo nacer en aquel tiempo, como está escrito: «Un hombre salió de la casa de Levi y tomó una mujer de Levi. La mujer concibió y dio a luz a un hijo. Ella vio que era bueno y lo escondió durante tres meses. Ya no podía esconderlo más, entonces tomó un canasto de juncos y lo untó con arcilla y brea; colocó al niño en él y lo puso entre las cañas, a la orilla del río. Su hermana se colocó a distancia, para saber qué sería de él» (Éxodo 2:1-3).

A continuación se describe uno de los tantos milagros ocurridos con el hombre elegido por El Santo, Bendito Sea, Moshé, como está escrito: «La hija del Faraón bajó al río a lavarse, y sus criadas caminaban junto al río. Ella vio el canasto entre las cañas y envió a su sirvienta, y lo tomó. Lo abrió y vio al niño, y he aquí que el joven lloraba. Ella le tuvo compasión y dijo: Éste es uno de los niños hebreos. Su hermana le dijo a la hija del Faraón: ¿Quieres que vaya y te llame una nodriza de las hebreas, para que amamante para ti al niño? La hija del Faraón dijo: ¡Ve! La joven fue y llamó a la madre del niño. La hija del Faraón le dijo: ¡Toma este niño y amamántalo para mí, y yo te daré tu paga! La mujer tomó al niño y lo amamantó. El niño creció y le fue traído a la hija del Faraón, y fue un hijo para ella. Lo llamó Moisés, pues dijo: Pues de las aguas lo saqué –meshitihu-» (Éxodo 2:5-10).

En forma milagrosa Moshé fue rescatado por la propia hija del Faraón, que era quien había emitido la orden de matar a todo niño hebreo que naciera. Y Moshé creció en su propio palacio, junto al Faraón y toda su corte. Un suceso inaudito.

Cuando Moshé creció mostró cualidades de guerrero, líder y hombre totalmente decidido a dar la vida por sus hermanos. Como está escrito: «Sucedió en aquellos días que Moisés creció y salió con sus hermanos, y observó sus sufrimientos; y vio que un hombre egipcio golpeaba a un hombre hebreo, a uno de sus hermanos. Miró hacia un lado y hacia el otro, y vio que no había nadie; golpeó mortalmente al egipcio y lo escondió en la arena (Éxodo 2: 11-12).

Después se narra otro suceso donde Moshé demuestra aptitudes de liderazgo, e interés por sus hermanos hebreos, como está escrito: «Al día siguiente salió, y he aquí que había dos hombres hebreos peleando. Le dijo al malvado: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? Él le respondió:¿Quién te designó por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Acaso dices que me matarás, como mataste al egipcio? Moisés tuvo miedo y pensó: Ciertamente el asunto es sabido. El Faraón escuchó acerca de este asunto e intentó matar a Moisés; Moisés huyó del Faraón y se asentó en la tierra de Midián. Se sentó junto a un pozo» (Éxodo 2:13-15).

Cuando Moisés huyó del Faraón era un joven, como se dijo, y la próxima vez que se lo nombra es cuando se presenta ante el Faraón para presionarlo y que deje salir a los Hijos de Israel. Y en ese entonces tenía 80 años, como está escrito: «Moisés tenía ochenta años y Aarón tenía ochenta y tres años cuando hablaron con el Faraón» (Éxodo 7:7).

Si cuando huyó era joven, tenía 18 años, y cuando habló con el Faraón tenía 80 años, ¿qué hizo en todo ese tiempo transcurrido entretanto? En el Midrash se explica que El Santo, Bendito Sea, lo llevó por caminos que le permitieran prepararse para ser un líder adecuado que pudiera sacar a Su pueblo, los Hijos de Israel, como es debido. Por eso se sumó al ejercito de Kikanos, el rey de Kush, quienes estaban sitiando la ciudad que era de ellos, pero no podían entrar porque sus propios hombres que habían quedado a cargo mientras ellos salían a combatir, se habían sublevado y cerraron las entradas. Moisés se sumó a ese ejercito y estuvo con ellos nueve años sitiando su ciudad, hasta que murió Kikanos, el rey de Kush.

Los hombres del ejercito de Kikanos eligieron a Moisés como su rey, y éste aceptó la propuesta. Con su gran sabiduría, valor y coraje, los llevó a la victoria y recuperaron la ciudad. Moisés fue rey de Kush durante 40 años. En todos esos años no tocó a la mujer que le habían dado, la reina Adonia, que había sido la esposa de Kikanos. Pues Moshé se acordaba de lo ordenado por Abraham a Isaac, y por Isaac a Jacob. Como está escrito: «Isaac llamó a Jacob y lo bendijo; le ordenó y le dijo: No tomes por mujer a ninguna de las mujeres cananeas (Éxodo 28:1). Por eso Moisés no se acercó a Adonia, ni adoró los objetos de culto idólatra de los kushitas, pues temía a El Eterno.

Después de 40 años Adonia se quejó ante los hombres de Kush de la actitud de Moisés, y este fue depuesto, siendo reemplazado por Manjeris, el hijo de Adonia que había tenido con Kikanos. Moisés fue enviado de allí con grandes honores, pues le estaban agradecido. Fue a Midián, y salvó a las hijas de Itró, como está escrito: «El sacerdote de Midián tenía siete hijas; ellas llegaron y sacaron agua y llenaron los abrevaderos para dar de beber a las ovejas de su padre. Llegaron los pastores y las echaron. Moshé (Moisés) se levantó y las salvó, y dio de beber a sus ovejas. Ellas fueron a lo de su padre Reuel. Él dijo: ¿Cómo es que habéis venido tan rápido hoy? Ellas dijeron: «Un hombre egipcio nos salvó de manos de los pastores y hasta sacó agua para nosotras, y dio de beber a las ovejas. Él les dijo a sus hijas: ¿Dónde está ¿Por qué abandonasteis al hombre? Llamadlo y que coma pan» (Éxodo 2:16-20).

Las hijas lo trajeron y Moisés contó a Itró lo que le había ocurrido, que había sido re durante 40 años en Kush. Y Itró pensó que había huido de allí y era buscado por los hombres de ese lugar, por eso lo puso en prisión. Tzipora, la hija de Itró le llevaba alimento y agua todos los días, e hizo esto durante 10 años. Después pidió a su padre que vaya a ver qué ocurrió con el hombre que había encerrado en prisión, y éste se negó, pues dijo que había pasado mucho tiempo y ya debería estar muerto. Pero ella lo convenció mencionándole los milagros que había hecho el Dios de los Hijos de Israel, y le dijo que éste era uno de los descendientes de ellos. Itró fue a ver y lo halló con vida.

Después le dio a su hija por esposa, como está escrito: «Moshé (Moisés) decidió habitar junto al hombre; y él le dio a su hija Tzipora a Moshé (Moisés)» (Éxodo 2:21).

EL LÍDER HEBREO

Moshé ya se había preparado como líder, sabía dirigir un pueblo, y también había experimentado qué se siente al estar encerrado, padeciendo la falta de la libertad; por eso podría comprender la situación de los Hijos de Israel. Pero aun no era suficiente, debía demostrar algo más, bondad. Y ello se comprobó cuando uno de los corderos que él pastoreaba huyó del rebaño. Moisés fue tras él y vio que había ido en busca de agua. Moisés le dijo: ¡Veo que huiste porque estabas sediento! ¡Seguramente estarás cansado! Lo alzó y lo llevó en sus brazos de regreso al rebaño. El Santo, Bendito Sea dijo: ¿Se apiada hasta de los animales? Es el hombre apropiado para guiar Mi rebaño (Midrash, Sefer Haiashar).

Por eso fue convocado por El Santo, Bendito Sea, como está escrito: «Durante aquellos largos días, sucedió que el rey de Egipto murió, y los Hijos de Israel gemían a causa del trabajo y clamaban. Su súplica a causa del trabajo se elevó hasta Dios. Dios oyó sus exclamaciones y Dios recordó Su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob. Dios vio a los Hijos de Israel; y Dios supo y entonces atendió sus súplicas (Éxodo 2:24-25).

Y a continuación está escrito: «Moshé (Moisés) estaba pastando las ovejas de Itró, su suegro, el sacerdote de Midián; él guió a las ovejas detrás del desierto y arribó a la Montaña de Dios, hacia Joreb. Un ángel de El Eterno se le apareció en una llamarada de fuego que salía de un arbusto. Él vio, y he aquí que el arbusto ardía en el fuego, mas el arbusto no se consumía. Moshé (Moisés) dijo: He aquí que me apartaré y contemplaré esta gran imagen ¿por qué el arbusto no se consume? El Eterno vio que se había apartado para ver; y Dios lo llamó de entre el arbusto y dijo: Moshé (Moisés), Moshé (Moisés) y él respondió: Heme aquí. Él dijo: No te acerques más, quítate tus zapatos de tus pies, pues el lugar sobre el que te encuentras parado es tierra santa. Y Él dijo: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Moshé (Moisés) ocultó su rostro, pues tuvo miedo de contemplar a Dios. El Eterno dijo: Ciertamente he visto la aflicción de Mi pueblo que está en Egipto y he oído su clamor a causa de sus supervisores, pues he sabido de su dolor. Bajaré y lo rescataré de la mano de Egipto, y lo ascenderé de esa tierra a una tierra buena y amplia, a una tierra en la que fluye la leche y la miel datilera, al lugar del cananeo, el jeteo, el amorreo, el perizeo, el jiveo y el iebuseo. Y ahora, he aquí que el clamor de los Hijos de Israel ha llegado hasta Mí y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Y ahora ve y te enviaré con el Faraón, y sacarás a Mi pueblo, los Hijos de Israel, de Egipto» (Éxodo 3:1-10).

Después de apreciarse la decisión de Moisés a intervenir cuando un egipcio maltrataba a uno de sus hermanos, y hacer justicia, y cuando intervino cuando dos de sus hermanos se peleaban, es lógico suponer que Moisés aceptará inmediatamente lo que Dios le encomendó. Pues él era muy temeroso de Dios, como está escrito aquí, en la cita mencionada: «Moshé (Moisés) ocultó su rostro, pues tuvo miedo de contemplar a Dios». Y también había aceptado inmediatamente la propuesta de ser rey de Kush, por lo que seguramente aquí haría lo mismo sin dudar. Pero para gran sorpresa no fue así, como está escrito: «Moshé (Moisés) le dijo a Dios: «¿Quién soy yo para ir con el Faraón y para sacar a los Hijos de Israel de Egipto?»» (Éxodo 3:11).

El Santo, Bendito Sea, no abandonó a Moisés, y le insistió para que aceptara, como está escrito: Y Él dijo: «Pues estaré junto a ti y ésta es tu señal de que Yo te he enviado: cuando saques al pueblo de Egipto, servirán a Dios sobre esta montaña» (Éxodo 3:12).

E increíblemente Moisés volvió a presentar excusas, como está escrito: Moshé (Moisés) le dijo a Dios: «He aquí, cuando yo vaya a los Hijos de Israel y les diga: ¡El Dios de vuestros antepasados me ha enviado a vosotros!, y ellos me digan: ¿Cuál es Su Nombre?, ¿qué les diré?» (Éxodo 3:13).

El Eterno nuevamente trató de convencer a moisés con argumentos firmes y concretos, como está escrito: «El Eterno le dijo a Moshé (Moisés): Seré lo que seré. Y Él dijo: Así dirás a los Hijos de Israel: Seré me ha enviado a vosotros. También le dijo Dios a Moshé (Moisés): Así dirás a los Hijos de Israel: El Eterno, el Dios de vuestros antepasados, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Éste es Mi Nombre por siempre, y éste es Mi recuerdo, de generación en generación. Ve y reúne a los ancianos de Israel y diles: El Eterno, el Dios de vuestros antepasados, ha aparecido ante mí, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: Ciertamente os he recordado y lo que se os hace en Egipto. Y he dicho: Os haré ascender de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del jeteo, del amorreo, del perizeo, del jiveo, y del iebuseo, a una tierra en la que fluye la leche y la miel. Ellos oirán tu voz. Tú y los ancianos de Israel irán al rey de Egipto y le dirán: El Eterno, el Dios de los hebreos, se ha presentado ante nosotros. Y ahora, os rogamos nos dejes partir en un camino de tres días por el Desierto y presentaremos ofrendas a El Eterno, nuestro Dios. Sé que el rey de Egipto no os dejará ir, excepto con mano fuerte. Yo extenderé Mi mano y golpearé a Egipto con todas Mis maravillas que realizaré en su interior, y después de eso os enviará. Yo haré que este pueblo halle gracia a los ojos de Egipto, para que cuando os vayáis, no os vayáis vacíos. Cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive en su casa vasijas de plata, vasijas de oro y vestimentas; y las colocarás sobre tus hijos e hijas; y vaciaréis a Egipto» (Éxodo 3:14-21).

Después de esto es muy difícil suponer que Moshé no aceptara, sin embargo, sorpresivamente volvió a negarse, como está escrito: «Moshé (Moisés) respondió y dijo: «Mas no me creerán y no escucharán mi voz, pues dirán: El Eterno no apareció ante ti» (Éxodo 4:1).

Entonces El Eterno, con enorme paciencia, le enseño a hacer señales prodigiosas, como está escrito: El Eterno le dijo: «¿Qué es lo que tienes en tu mano? Y él dijo: Una vara. Él dijo: Arrójala a tierra; y él la arrojó a tierra y se transformó en una serpiente. Moshé (Moisés) huyó de ella. El Eterno le dijo a Moshé (Moisés): Extiende tu mano y tómala por su cola. Él extendió su mano y la agarró fuertemente, y se transformó en una vara en su palma. Para que crean que El Eterno, el Dios de sus antepasados, apareció ante ti; el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. El Eterno también le dijo: También: lleva tu mano a tu pecho, y él llevó su mano a su pecho; luego la quitó y he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. Dijo Él: Vuelve a poner tu mano en tu pecho. Y él volvió a poner su mano en su pecho; y al sacarla de su pecho he aquí que era otra vez como su carne. Acontecerá que si no te creen y no escuchan la voz de la primera señal, creerán la voz de la última señal. Y sucederá que si tampoco no creen estas dos señales y no escuchan tu voz, tomarás agua del río y la verterás sobre la tierra seca, y el agua que tomes del río se transformará en sangre cuando esté sobre la tierra seca» (Éxodo 4:2-9).

Mas Moshé volvió a negarse, como está escrito: Moshé (Moisés) le dijo a El Eterno: «Te ruego, mi Señor, no soy hombre de palabras, ni desde ayer, ni desde anteayer, ni desde que hablaste por primera vez con Tu sirviente, pues yo soy pesado de boca y pesado de palabras» (Éxodo 4:10).

El Eterno insistió y le dijo: «¿Quién le puso boca al hombre, o quién lo hace al hombre mudo o sordo, o al hombre que ve o al ciego? ¿Acaso no soy Yo, El Eterno? Y ahora, ve. Yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir» (Éxodo 4:11-12).

Y Moshé nuevamente presentó excusas, como está escrito: Él dijo: «Te ruego, mi Señor, envía a alguien más apropiado para ser enviado» (Éxodo 4:13).

EL FINAL DE LA NEGACIÓN

Después de esta negativa de Moshé, está escrito: «La ira de El Eterno se despertó contra Moshé (Moisés), y dijo: ¿Acaso no está tu hermano Aarón, el levita? Yo sé que él ciertamente hablará; además, he aquí que él saldrá a encontrarte y cuando te vea se alegrará su corazón. Tú le hablarás y colocarás las palabras en su boca; y Yo estaré en tu boca y en su boca; y os enseñaré a ambos lo que deben hacer. Él hablará por ti ante el pueblo; y ocurrirá que él será tu boca y tú serás su guía. Y esta vara tomarás en tu mano, con la que harás las señales» (Éxodo 4:14-17).

Entonces Moshé aceptó inmediatamente, como está escrito: Moshé (Moisés) fue y regresó a Ieter, su suegro, y le dijo: Por favor, iré y regresaré junto con mis hermanos que están en Egipto, para ver si siguen con vida. Y Itró le dijo a Moshé (Moisés): Ve en paz (Éxodo 4:18).

¿Qué hizo a Moshé cambiar de opinión? Que El Eterno le dijera acerca de Aarón, su hermano: «él saldrá a encontrarte y cuando te vea se alegrará su corazón».

Pues Moshé sabía que su hermano era el máximo dirigente del pueblo y no quería que su animo decayera al ver que él asumía como rey y lo desplazaba. Es decir, la actitud que habíamos visto con el cordero está indicada también en los versículos. Moshé tenía una gran sensibilidad por las criaturas, tenía un gran amor además de condiciones de líder. Por eso El Eterno no lo abandonó hasta que aceptó. Él era el hombre que había sido elegido para sacar a los Hijos de Israel de Egipto.

EL LEGADO DE MOSHÉ

Esta actitud que marcó el cambio en Moshé, la alegría –de Aarón-, está incluida en la festividad de Pesaj, que conmemora la salida del pueblo de Egipto comandado por Moshé. Veamos como es esto. El nombre de El Eterno, el Tetragrama, se escribe mediante estas cuatro letras: iud, he, vav, he.

Las mismas se pueden combinar unas con otras de diferente manera, cambiándolas de orden. Se forman así las doce combinaciones del Tetragrama.
Cada una de estas doce combinaciones ejerce dominio en un mes del año, resultando que al cabo de los doce meses del año, ejercieron dominio las doce combinaciones del nombre de El Eterno.

La combinación que ejerce dominio en el mes de Nisán, que es el mes de Pesaj, es la que sigue el orden original del Tetragrama: iud, he, vav, he.

Esta combinación surge del versículo que declara: «Alegraos Cielos y regocíjate Tierra» (Salmos 96 11).

En el original hebreo esta frase se escribe mediante estas locuciones: «ismeju hashamaim vetaguel haaretz». Las letras iniciales de estas palabras son: iud, he, vav, he (Bnei Isajar).

Quiere decir que esta combinación del Tetragrama está intrínsecamente vinculada con la alegría. (Recordemos la alegría de Moshé cuando El Eterno le dijo que su hermano se alegrará). Por tal razón, en Pesaj, que tiene lugar en el mes de Nisán, podemos vincularnos con esa energía que surge de esta combinación del Tetragrama, la cual está intrínsecamente ligada con la alegría. En Pesaj se puede obtener esa alegría.

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